#TBT Venezuela: efectos temporales de la sentencia de exequátur

Por Claudia Madrid Martínez

El 12 de diciembre de 1996, la Sala Político Administrativa de la entonces Corte Suprema de Justicia dictó la Sentencia No. 841, mediante la cual decidió la solicitud de exequátur, interpuesta por Chantal Marie Ernest Picard de Pons, de la sentencia del Tribunal de Gran Instancia de Dieppe, Francia en la que, en fecha 8 de julio de 1970, pronunció su divorcio de Philippe Pierre Jean Marie Lamont. La parte actora solicitó, además, que la Corte se pronunciase sobre los efectos temporales del exequátur.

Así, luego de verificar el cumplimiento de los requisitos establecidos por los artículos 850 y 851 del Código de Procedimiento Civil –hoy derogados por la Ley de Derecho internacional privado–, la Sala pasa a examinar el tema de los efectos temporales de la sentencia de exequátur.

A tales efectos, la decisión comienza por analizar la naturaleza de la decisión de exequátur, lo cual la deferencia de la sentencia objeto del reconocimiento:

“El juicio de reconocimiento ‘imprime el valor formal del acto de la soberanía… al contenido del acto jurisdiccional extranjero…’. Esta afirmación de Anzilotti, citada por Morelli, mantiene su vigencia y obliga a distinguir el acto formal del reconocimiento del acto material dictado por una autoridad extranjera. El acto formal emana del juez del Estado receptor, pero este asume el contenido de la sentencia extranjera que pasa a ser el contenido de su acto formal. (Gaetano Morelli: Derecho Procesal Civil Internacional. Traducción. Ediciones Jurídicas Europa-América, Buenos Aires, 1953, pp. 277 y ss., especialmente, p. 292). De allí que el rol de la sentencia de exequátur consiste en certificar, resolver o aplicar en el Estado receptor lo que certificó, resolvió o aplicó el juez sentenciador. En consecuencia, se trata de dos sentencias independientes, con el mismo contenido. La sentencia de exequátur es de naturaleza constitutiva en el sentido puramente procesal. Como afirma Luis Loreto ‘…Su momento constitutivo está en abrirle la frontera a los efectos jurisdiccionales ya producidos en el exterior, que ahora se reciben en el ordenamiento doméstico como si fuesen propios…’ (Luis Loreto: La Sentencia Extranjera en el Sistema Venezolano de Exequátur, Studia Iurídica No. 1, Universidad Central de Venezuela, Caracas, 1957, pp. 187-216, especialmente p. 211)”.

A continuación, la Sala entiende que la sentencia de exequátur produce sus efectos materiales, no desde el momento en que se dicta, sino que sus efectos se retrotraen al momento en el cual queda firme la decisión extranjera. En efecto, sostiene la Sala,

“[l]a naturaleza procesalmente constitutiva de la sentencia de exequátur determina sus efectos jurídicos que son de carácter formal y que consisten en otorgar, a la sentencia extranjera, la fuerza ejecutoria en el Estado receptor. Los efectos materiales ya preexistían en la sentencia extranjera, por ello deben considerarse como producidos desde la fecha en que quedó ejecutoriados y firme el fallo extranjero. El ya citado prestigioso procesalista, Luis Loreto, hace una acertada distinción entre lo que podría llamarse efecto retroactivo de la sentencia de exequátur y su retrodatación para remontarse la eficacia a un hecho anterior a su constatación (Luis Loreto: ibídem). Por ende, los efectos de la sentencia extranjera deben considerarse recibidos en el ordenamiento jurídico del Estado receptor ex tunc. Esta consecuencia reviste una particular importancia: ella permite considerar legalmente válidos y eficaces actos y situaciones jurídicos producidos anteriormente por la sentencia extranjera”.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *