Las nuevas tecnologías ¿al servicio de los operadores del arbitraje internacional?

Por Guillermo Argerich* y Juan Jorge**

Existe una idea generalizada de que el mundo del arbitraje internacional ha receptado en gran medida los avances tecnológicos. ¿Esto es realmente cierto? A continuación nos referiremos a los avances tecnológicos que están a disposición de los profesionales del arbitraje, y en qué medida son aprovechados por estos últimos.

Si bien las nuevas tecnologías no distinguen entre las variadas clasificaciones de arbitraje que existen, para abordar este tópico nos referiremos principalmente al arbitraje comercial internacional y su entorno.

Un tímido acercamiento tecnológico: panorama actual

¿El arbitraje internacional recepta acabadamente los avances tecnológicos modernos? Algunos autores refieren que el arbitraje, en comparación con otras prácticas, “solo ha experimentado cambios modestos”. Otras voces son más determinantes: el procedimiento arbitral –dicen– “luce igual que hace 50 años” y es “obsoleto”. Para llegar a esas conclusiones, se reconoce la reticencia a introducir nuevas tecnologías por el temor a que el laudo no sea reconocido o ejecutado. Los resultados de la encuesta realizada en 2018 por Queen Mary (Universidad de Londres) reflejan, por ejemplo, que solo el 12% de los encuestados (entre más de 1000 actores del arbitraje internacional) utilizan la inteligencia artificial (“IA”) con frecuencia en arbitrajes internacionales, aunque sí se valen de la videoconferencia (60%) o el almacenamiento en la nube (54%). Pese a ello, la gran mayoría de los encuestados (78%) consideran que la IA debería emplearse con mayor frecuencia en los arbitrajes internacionales.

Es destacable que, incluso aquellos que muestran más optimismo frente al diagnóstico anterior, reconocen mayores posibilidades en razón de la apertura institucional que se ha verificado en los últimos tiempos, y la libertad reinante en los procedimientos arbitrales. En este sentido, la Cámara de Comercio Internacional (“CCI”) elaboró en 2017 un reporte sobre la tecnología de la información y el arbitraje internacional, y concluyó que “los beneficios de la tecnología de la información superan a los riesgos”, alentando así a su uso. Asimismo, en el seno de la CCI se ha creado un grupo para el estudio y elaboración de modificaciones al reglamento de arbitraje vigente.

Con el correr del tiempo, los procedimientos requieren ser adaptados a las circunstancias del momento en que se desarrollan. Y la novedad es que se estaría avanzando hacia la instauración del expediente arbitral netamente digital. También la CCI ha elaborado un informe sobre técnicas para gestionar la producción de documentos electrónicos en el arbitraje internacional. Este trabajo identifica varias técnicas que los árbitros y las partes pueden considerar para manejar, de manera justa y eficiente, cualquier problema que pueda surgir mediante la producción de documentos electrónicos, cuando ésta es permitida o requerida.

Dicho esto, es posible hacer una distinción entre las herramientas tecnológicas de gestión/apoyo y aquellas empleadas para la toma de decisiones, todas las cuales tienden a una automatización del proceso (parcial o total, según el caso). Acá nos centraremos en la primera categoría, es decir, aquellas herramientas tecnológicas que no están involucradas en la decisión o predicción del resultado de un procedimiento arbitral, sino que se utilizan para aumentar la eficiencia del flujo de trabajo, al eliminar las tareas repetitivas que demandan un gran caudal de tiempo.
Advertimos que, entrelazados con las anteriores, se encuentran los sistemas de resolución de disputas en línea (“ODR”, por sus siglas en inglés), que no serán objeto de análisis en tanto exceden ampliamente el campo arbitral, sin perjuicio de que prometen incidir en él de manera favorable.

En efecto, el crecimiento exponencial de las ODR ha dado lugar al “arbitraje en línea”, donde su importancia se traduce en la posibilidad de que un número significativo de controversias puedan encontrar una solución, hasta entonces esquiva. Las reglas más ingeniosas de DIPr no pueden resolver acabadamente el desequilibrio entre la facilidad y rentabilidad de los contactos transfronterizos, y la dificultad y los gastos que implican resolver disputas de aquella índole. Esto llevó a una creciente cantidad de plataformas en línea que brindan servicios de arbitraje, ahorrando tiempo y costos; y al estudio de estos mecanismos por las Naciones Unidas en el seno del Grupo III de la CNUDMI, para controversias entre inversores y Estados.

El arbitraje ante un mundo de posibilidades

En el arbitraje internacional, gran receptor de modernismos, las nuevas tecnologías (en particular, la IA) se presentan como asistentes de confianza y prometen grandes beneficios para los tiempos venideros. Así, se ha dicho que “los avances tecnológicos pueden ser utilizados por los profesionales del arbitraje, las partes y los miembros del tribunal para hacer que los arbitrajes internacionales sean más eficientes, más rentables, más seguros y más dinámicos”.

Antes de iniciar el procedimiento arbitral, la IA podría brindar sugerencias para la redacción de cláusulas arbitrales (usualmente llamadas “cláusulas de medianoche”, por las indeseables circunstancias temporales en las que son redactadas); estimar costos y tiempos de una hipotética disputa; proporcionar certezas sobre los diversos sistemas legales en juego; revisar documentos y acuerdos existentes entre las partes, para determinar eventuales incumplimientos; brindar datos sobre precedentes arbitrales y tendencias generales; etc. Respecto a esta última función, se advierten beneficios para los terceros que financian arbitrajes, quienes podrían valerse de mejores panoramas y así optimizar sus inversiones.

Una vez entablada la demanda arbitral, las funciones de la IA se multiplican como si estuvieran frente al espejo (cosa de magia que osas / multiplicar la cifra de las cosas, decía Borges): esta podría servir para preseleccionar árbitros, de acuerdo a experiencia, disponibilidad y tema controvertido; alertar sobre corrupción o conflictos de interés entre los actores intervinientes; proponer parámetros o rangos de acuerdo, en base al resultado de casos similares; estructurar la jurisprudencia presentada por las partes; procesar los documentos recibidos para evaluar su contenido, y buscar otros pertinentes; asistir como intérpretes o traducir cuantiosos documentos (sean escaneados, escritos a mano o anotados) en pocos segundos; registrar –a través de las nuevas tecnologías de reconocimiento del habla– los testimonios, y proporcionar una transcripción en tiempo real; evaluar la “verdad” en el testimonio de un testigo, basado en un análisis de entonaciones de voz y micro expresiones faciales; determinar, procesar y revisar cálculos que contengan largas variables; etc.

En particular, los avances en ingeniería de software y aprendizaje automático pueden hacer que los procesos de recopilación, revisión y producción de documentos electrónicos (una de las fases más costosas y prolongadas del arbitraje –particularmente cuando hay una gran cantidad de documentos electrónicos potencialmente relevantes para revisar–, como lo ha constatado la CCI y los redactores de las Reglas de Praga) sean más eficientes y rentables, sin perjuicio de otras formas existentes para abordar esta problemática (por ejemplo, la facultad del tribunal arbitral para limitar la producción de documentos).

Estos softwares permiten que se carguen, revisen, codifiquen y produzcan grandes volúmenes de datos desde una sola plataforma. Una vez que los documentos están alojados en ella, existe la posibilidad de reducir el volumen de datos electrónicos al identificar duplicados, entre otros.

A su vez, los documentos se pueden ordenar en categorías que sirvan propósitos de utilidad mediante la conversión de archivos de imagen –a través del reconocimiento óptico de caracteres (“OCR”)– en documentos editables y de búsqueda, indización de documentos, detección de términos importantes, agrupación de conceptos e identificación de idiomas extranjeros. A modo de ejemplo destacamos Relativity, que ofrece herramientas de búsqueda avanzadas, a la vez que aplicaciones para ayudar a los usuarios con la revisión y producción de documentos.

Respecto a las instituciones arbitrales, la IA podría predecir costos y duración del procedimiento; realizar un escrutinio de los proyectos de laudo para asegurar el cumplimiento de los requisitos formales; o incluso preparar ciertas partes del laudo. Sin incursionar aquí en el tema decisorio, vale decir que los árbitros le dedican mucho tiempo a redactar secciones “estándar” de sus laudos arbitrales, por ejemplo, las relativas a quiénes son las partes y sus posiciones, el historial procesal, la cláusula arbitral, la ley aplicable y los costos del arbitraje. Los árbitros podrían ahorrar tiempo y honorarios a las partes si delegasen tales secciones repetitivas en la IA.

Asimismo, ante la falta de acuerdo sobre la composición del tribunal arbitral, la IA podría colaborar con la institución administradora proporcionándole una lista de potenciales candidatos en virtud de sus conocimientos, experiencias, idiomas, números de arbitrajes pendientes y posibles conflicto de interés.

Por último, al finalizar el procedimiento arbitral, la IA podría hacer un estudio del laudo emitido, para evaluar eventuales defectos formales conforme a la normativa del lugar donde se pretenda reconocer o ejecutar; o certificar y distribuir laudos arbitrales entre tribunales competentes, a fines de facilitar su reconocimiento y ejecución. A nivel global, la Conferencia de La Haya de Derecho Internacional Privado ha desarrollado la apostilla electrónica, implementada bajo modelos de softwares operativos, seguros y de bajo costo. De igual manera, las instituciones arbitrales podrían establecer un sistema basado en la utilización de estándares de datos comunes para los laudos digitales, asegurando su integridad, autenticación y admisión global.

A fin de optimizar todas estas oportunidades, el Subcomité IBA Arb40 –que se creó dentro del marco de la International Bar Association (“IBA”) para albergar árbitros menores de 40 años, y refleja el objetivo del Comité de Arbitraje de la IBA de involucrarse activamente con los jóvenes de la comunidad arbitral– ha recopilado una lista de avances tecnológicos que se pueden utilizar en el arbitraje internacional.

Destacamos (independientemente de la lista elaborada por la IBA): ArbiLex, que se vale de la IA y el análisis predictivo, y ofrece “un marco empírico, coherente y explicable para que los abogados cuantifiquen incertidumbres, reduzcan los errores y maximicen los resultados deseables en casos de arbitraje”; Arbitrator Intelligence, que tiene como objetivo aumentar la transparencia, la rendición de cuentas y la diversidad en la selección de árbitros; y Dispute Resolution, que se promociona como “la primera y única base de datos global relacionada al arbitraje comercial internacional”, en base a diversos convenios de exclusividad con instituciones arbitrales.

Sumado a ellas, para los litigios en general cobran visibilidad Premonition, “la base de datos de litigios más completa del mundo”, cuyo “análisis predictivo es consultado por los responsables de la toma de decisiones de las empresas Fortune 500”, entre otras; Context, que examina millones de documentos de jurisprudencia para identificar precedentes e incluso los argumentos de otros jueces, en razón del tribunal en el que corresponda litigar; y Kira, que consiste en un software que aplica IA y aprendizaje automático para identificar y analizar contratos u otros documentos. Otros: Brainspace, Lex Machina y MindManager.

Asimismo, vislumbran la escena arbitral impresoras 3D para la presentación de evidencia, contratos inteligentes (smart contracts) y las cadenas de bloques (blockchain). También sobresalen sistemas de comunicación mediante videoconferencia (tales como Cisco TelePresence) y realidad virtual, para conectar a partes, testigos, expertos, árbitros y asesores en lugares geográficamente distantes.

Como advertimos, todas las anteriores comparten un objetivo común: reducir los costos y aumentar la eficiencia, conveniencia y eficacia del arbitraje internacional. Ante semejante oportunidad cabe preguntarse: más allá de la loable apertura institucional referida anteriormente, ¿las nuevas tecnologías de gestión / apoyo encuentran acogida favorable en la normativa arbitral internacional?

La respuesta pareciera ser afirmativa. Las normas que regulan la conducción de los procedimientos arbitrales no restringen el uso de estas tecnologías, por lo que su aplicación no debería ser limitada. En línea con lo anterior, en el marco de una reciente conferencia de la CCI, Schäfer precisó que el reglamento de arbitraje de dicha institución (al igual que la gran mayoría de los reglamentos) no prohíben ni abordan el uso de tecnologías de la información, por lo que las partes y el tribunal arbitral deberían acordar el uso específico de ellas.

A la misma conclusión llega el ya mencionado informe elaborado por la CCI. Sobre este punto, resulta extremadamente raro encontrar un acuerdo de arbitraje que prevea un uso particular de tecnologías, ya que cualquier disposición semejante correría el riesgo de quedar desactualizada.

El Reglamento de Arbitraje del Centro Internacional para la Resolución de Disputas (en particular, su artículo 20.2) no solo permite, sino que también alienta el uso de herramientas tecnológicas. Del mismo modo, otras instituciones arbitrales han hecho esfuerzos significativos para modernizar los procedimientos de arbitraje y ponerlos al día con la innovación tecnológica. El Instituto de Arbitraje de los Países Bajos es un gran ejemplo de ello; y encuentra sentido con la tendencia anclada en la Ley de Arbitraje de aquel país, que permite expresamente un procedimiento arbitral “electrónico” (artículo 1072, b).

En conclusión, si bien la práctica del arbitraje internacional aun no recepta acabadamente los avances tecnológicos modernos, pareciera existir –paulatinamente– una tendencia a su incorporación: partiendo de la infinidad de beneficios que promueven las nuevas tecnologías, hasta la apertura institucional y la percepción generalizada de los profesionales del arbitraje, quienes consideran que el uso de estas debe incrementarse.

Vale poner de manifiesto que existe una considerable aceptación respecto a la utilización de herramientas tecnológicas de gestión / apoyo, y rechazos o incertidumbres respecto a herramientas tecnológicas para la predicción o toma de decisiones. En un informe titulado “The Current State and Future of International Arbitration: Regional Perspectives”, elaborado en 2015 por el Subcomité IBA Arb40, se afirma que la “tecnología no fue vista como un sustituto para la toma de decisiones.” Veremos qué nos dice el tiempo, nuestro gran maestro.
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*Abogado (UBA); profesor de derecho internacional privado (UBA); árbitro; consultor del Banco Interamericano de Desarrollo en materia de arbitraje comercial; especialista en gestión de instituciones administradoras de arbitraje.
**Abogado (UBA); entrenador del equipo de la UBA para competencias internacionales de arbitraje; asociado en Marval, O’Farrel & Mairal.

(Post basado en la ponencia que presentaron los autores en las XIII Jornadas de la Asociación Americana de Derecho Internacional Privado, sobre eficacia trasnacional del derecho, llevadas a cabo el 21 y 22 de noviembre de 2019 en Punta del Este, Uruguay).

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