Lanzamiento de las Reglas de Praga: nuevo Soft Law para regir procedimientos arbitrales

Por Juan Jorge*

El 14 de diciembre de 2018, bajo el considerado invierno de la República Checa, se firmaron las Reglas de Praga sobre la Tramitación Eficiente de los Procedimientos en el Arbitraje Internacional (“Reglas de Praga”), que ya están disponibles en inglés, portugués, ruso y español. El Palacio Martinický, de la ciudad de Praga, fue el lugar escogido para tal acontecimiento.

El evento contó con la participación de más de 150 especialistas sobre el tema, incluyendo árbitros, abogados, representantes de empresas, consultoras e instituciones administradoras de arbitrajes. Todos compartían una gran expectativa por estas normas de soft law, que ya son oficiales. Entre ellos, el profesor argentino Guillermo Argerich, junto a quién tuve el placer y el honor de exponer las Reglas de Praga (entonces, su último borrador) en el XXX Congreso Argentino de Derecho Internacional, por el 50° Aniversario de la Asociación Argentina de Derecho Internacional, llevado a cabo los días 31 de octubre y 1, 2 y 3 de noviembre de 2018, en Rosario, Argentina. El texto de la ponencia, en cuya elaboración participaron también Sol Argerich y Francisco J. da Silva Esteves, está disponible aquí.

Las Reglas de Praga nacieron con la intención de atender dos importantes reclamos más o menos generalizados en el mundo del arbitraje: la reducción de costos y tiempos en él. En este sentido, la 4ta Conferencia de la Asociación Rusa de Arbitraje (2017) concluyó que era imperioso contar con reglas alternativas a otras ya existentes en materia de prueba (como, por ejemplo, las Reglas de la International Bar Association (IBA) sobre la Práctica de la Prueba en el Arbitraje Internacional).

Para ello, se conformó un Grupo de Trabajo que partió de una premisa esencial: la adopción de un enfoque civilista en el procedimiento arbitral. Así, sus integrantes -en mayoría, representantes de jurisdicciones que comparten aquella tradición jurídica- proyectaron un tribunal arbitral con mayor protagonismo, integrado por árbitros con facultades más amplias, y libertad para tomar la iniciativa en el procedimiento arbitral.

En particular, las Reglas de Praga proponen un tribunal altamente activo para establecer los hechos relevantes (artículo 3.1), dirigir y controlar el interrogatorio de testigos (artículo 5.9), aplicar disposiciones legales no invocadas por las partes (artículo 7.2), ayudar y asistir a las partes en la solución amistosa del conflicto (artículo 9.1), entre otras.

Asimismo, en relación a la prueba documental, las Reglas de Praga aconsejan prescindir de cualquier método de exhibición documental (artículo 4.2), y consagran la posibilidad de que el tribunal impida el aporte masivo de documentación (artículo 4.3, 4.5), para evitar dilaciones innecesarias. En lo que respecta a los testigos, permiten que el tribunal excluya aquellos testimonios o contrainterrogatorios que considere inconducentes para el caso (artículos 5.2 y 5.3) y restrinja el número de preguntas que se les pueden formular (artículo 5.9); o bien valore sus declaraciones por escrito, aun en el controvertido supuesto de que su comparecencia a la audiencia haya sido denegada. También contemplan la designación de peritos de oficio, sin excluir aquellos elegidos por las partes.

En adición, bajo el título “Conclusiones Desfavorables”, las Reglas de Praga establecen que si las partes incumplieren injustificadamente las órdenes o instrucciones del tribunal, éste podrá derivar inferencias desfavorables en su contra (artículo 10).

Por último, las Reglas de Praga traen dos grandes innovaciones, verdaderamente populares en ciertos países de Europa, Asia o América Latina: por un lado, la introducción del principio civilista iura novit curia (artículo 7), y con él la potestad del tribunal para aplicar normas de derecho, y doctrina o jurisprudencia, no alegada por las partes. Por otro, la asistencia del tribunal en un acuerdo transaccional (artículo 9), y la posibilidad de que éste promueva un acercamiento de las partes para lograr un acuerdo anticipado, o bien se constituya como mediador a los mismos fines y efectos.

Ante el ruido que pudieran generar estos últimos artículos (sobre todo, para aquellos profesionales inmersos en el common law), cabe enfatizar que las Reglas de Praga son normas de soft law. Es decir, normas de derecho cuya aplicación no es imperativa, sino que depende -en principio- de la voluntad de las partes. Por ende, ellas podrán descartarlas o adoptarlas, ya sea en forma total o parcial; o incluso adecuarlas conforme a sus necesidades, a pesar de las (in)conveniencias prácticas que ello pudiera generar.

Desde su primer borrador, difundido en enero de 2018, las Reglas de Praga motivaron extensos debates entre especialistas, y algunas premoniciones sensacionalistas sobre su impacto en el arbitraje: “¿guerra entre el civil law y el common law?”. También, divisiones antagónicas con las Reglas de la IBA u otras

Sin embargo, el Preámbulo de las Reglas de Praga calma las aguas, y advierte que ellas no buscan “reemplazar las ya facilitadas por varias instituciones, sino que están diseñadas para complementar”. En otras palabras, parecieran impulsar aires de unión e integración, y no de exclusión. Al igual que el histórico Puente de Carlos, el más viejo de Praga y el que, además de atravesar el río Moldava desde la Ciudad Antigua a la Ciudad Pequeña, ilustra con curioso simbolismo el logo de las nuevas Reglas de Praga.

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* Graduado de la Facultad de Derecho, Universidad de Buenos Aires (UBA); miembro del equipo de la UBA en la XI Competencia Internacional de Arbitraje año 2018.

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