La “gestación” de un problema para el Derecho Internacional Privado y los litigios internacionales: La maternidad subrogada

Por Javier Ochoa Muñoz

Un reciente reporte de actividades publicado por la Conferencia de La Haya, le recuerda a la comunidad jurídica una problemática muy compleja que se viene “gestando” en nuestra ya complicada sociedad internacional. La Conferencia viene estudiando y discutiendo el asunto como proyecto oficial de la organización desde el año 2011. En abril de este año volvió a discutir el tema con expertos académicos, activistas e integrantes de organismos internacionales para evaluar la posibilidad de una regulación convencional sobre la maternidad subrogada en el contexto internacional.

Por ahora, la Conferencia decidió postergar la decisión del asunto para el año 2015, pero expresó la necesidad de continuar estudiando y debatiendo el tema, el cual constituye una realidad que aumenta de manera acelerada en el contexto internacional.

Se ha advertido que son cada vez más los casos de acuerdos de maternidad subrogada que vinculan a dos o más jurisdicciones. Principalmente estos flujos están conformados por personas que se movilizan desde países donde se encuentra prohibida esta práctica, hacia los países donde sí se permite, como la India, algunos estados de los Estados Unidos y el estado de Tabasco, en México. De modo que el espacio iberoamericano no escapa de esta realidad.

El componente comercial suele estar presente en estas negociaciones, pero una vez realizadas, el asunto tiene delicadas implicaciones de derechos humanos y de protección de la niñez. Los problemas jurídicos que se generan son de muy diversa índole, desde mujeres gestantes que son abusadas y su salud puesta en riesgos, hasta padres contratantes estafados, pasando por bebés que no pueden acceder a la identidad, la nacionalidad y otros derechos que les deben asistir, dificultades de determinación de la filiación, discusiones sucesorales, etc.

En junio de este año, la Corte Europea de Derechos Humanos dictó dos sentencias en contra de Francia por negarse al registro del acta de nacimiento y a reconocer a plenitud la filiación entre padres franceses y sus hijos nacidos en los Estados Unidos como resultado de negociaciones de maternidad subrogada.

Se trata de los casos Mennesson v. France y Labassee v. France. En ambos, la Corte condenó a Francia, sosteniendo que tanto el interés superior del menor, como el respeto de su derecho a la privacidad e identidad, obligaban a reconocer plenamente la filiación entre estos y sus padres franceses.

Otro caso más reciente, conocido como “Baby Gammy” ha estremecido a la opinión pública internacional, especialmente en Tailandia y Australia. La pareja australiana Farnell, contrató a Pattharamon Chanbua, una joven Tailandesa de 21 años, como madre gestante subrogada, empleando el material genético de los Farnell. En el trascurso del embarazo se habría descubierto que uno de los dos embriones nacería con problemas de salud, pero ante las posibilidades y sugerencias de abortar, Chambua se negó.

Al nacer los bebés, en enero de este año, los Farnell se llevaron de Tailandia a la niña y, según Chambúa, abandonaron al bebé Gammy, quien efectivamente nació con Síndrome de Down. El asunto ha significado una “montaña rusa emocional” para los australianos y para el mundo, según la prensa de internet.

A raíz de estos sucesos Tailandia prohibió expresamente los acuerdos de maternidad subrogada. Más allá de esta medida, no tenemos información sobre las acciones jurídicas que se hayan tomado en este caso, pero lo cierto es que se ha puesto de relieve la necesidad de un debate profundo para el Derecho en general, incluyendo al Derecho Internacional Privado. Sin duda los litigios internacionales confrontarán casos como estos con mayor frecuencia, y es de esperar que dispongamos de soluciones que garanticen los derechos humanos de las personas involucradas, especialmente, los de los niños, cuya protección integral debe asegurarse sobre todas las circunstancias.

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